La devolución en una biblioteca pública australiana de un libro publicado en 1858, encontrado por un hombre durante renovaciones en su casa dentro de una caja de té empotrada en una chimenea sellada, vuelve a poner sobre la mesa un problema más amplio: lo que aparece por azar también expone lo que las instituciones no han podido localizar por vías formales.
Ese contraste atraviesa la historia del testamento de Ramón Power y Giralt, diputado y vicepresidente puertorriqueño de las Cortes de Cádiz en 1810. Según el texto, ni el fenecido Historiador Oficial de Puerto Rico, Luis González Vales, ni el ex embajador-cónsul general español en San Juan, Eduardo Garrigues, lograron encontrar el documento pese a diligencias propias y búsquedas en archivos españoles civiles y militares. La referencia subraya así una deuda persistente con la recuperación de piezas clave de la memoria histórica caribeña.
Power y Giralt, nacido en San Juan en 1775 y fallecido en Cádiz en 1813 por fiebre amarilla, fue presentado como una figura central en la defensa de los derechos de los puertorriqueños y de las Américas, al impulsar la anulación de poderes extraordinarios del gobernador de la isla y la creación de puertos libres. Que su legado siga dependiendo de hallazgos fortuitos y de esfuerzos aislados, más que de resultados institucionales verificables, refuerza la necesidad de fiscalización, seguimiento y rendición de cuentas sobre la preservación histórica.
