Catorce bebés murieron este miércoles en un incendio en la maternidad del Instituto Pakistaní de Ciencias Médicas (PIMS), en la capital pakistaní, en un hecho que abrió cuestionamientos inmediatos sobre la capacidad de respuesta y los controles de seguridad en un área crítica de salud. Las autoridades atribuyeron el fuego a un aire acondicionado defectuoso y a un problema eléctrico en el servicio maternal e infantil del hospital.
Pero el relato oficial quedó bajo presión por los testimonios recogidos tras la tragedia. Khurram Mehmood, de 40 años, dijo a la AFP que perdió a su bebé de tres días y que los rescatistas tardaron horas en llegar. Abdul Ghafoor, testigo del incendio, afirmó que el fuego se propagó rápidamente y que los equipos de rescate tardaron dos horas. Jaweria, otra mujer que dijo haber perdido a su bebé, aseguró que la puerta de la unidad de cuidados intensivos neonatales estaba con llave, mientras una testigo no identificada sostuvo que la seguridad del hospital impedía la salida de personas y que hubo que romper puertas y vidrios en medio del humo. Frente a esas denuncias, Sohail Ashraf, comisario jefe de Islamabad, aseguró que rescatistas y policías llegaron “inmediatamente” y lograron controlar el incendio. El contraste entre esa versión y lo narrado por familiares y testigos elevó la presión por explicaciones sobre protocolos, tiempos de reacción y protección de pacientes vulnerables.
Unicef urgió “revisar y fortalecer” los estándares, en una señal de alerta institucional tras un costo humano devastador.
