El próximo 12 de noviembre, la comunidad dominicana de Nueva York conmemorará el 25 aniversario del accidente del vuelo 587 de American Airlines, que se precipitó poco después de despegar del aeropuerto John F. Kennedy con destino a República Dominicana y dejó 260 ocupantes muertos y cinco fallecidos en tierra. La ceremonia tendrá lugar en Belle Harbor, en Queens, donde se erigió un monumento en memoria de las víctimas y donde, como cada año, se leerán sus nombres.
La tragedia, ocurrida dos meses después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, volvió a mostrar el impacto humano y urbano de una catástrofe de gran escala. El cierre de túneles y puentes durante la investigación, sumado al miedo a un nuevo ataque, profundizó la conmoción en la ciudad. Ese peso social sigue vivo en los testimonios de familiares que, 25 años más tarde, continúan buscando consuelo en el memorial.
Belkis Lora, fundadora y presidenta del Comité en Memoria del Vuelo 587, recordó que perdió a su hermano Roberto en el accidente y que acudir al monumento le da “paz” y “tranquilidad”. También relató que enfermó tras la tragedia y que el contacto con otras familias afectadas le ayudó a recuperarse. Karen Tavarez, otra de las afectadas, perdió a su madre en el siniestro. La conmemoración vuelve así a poner en primer plano a las víctimas y a sus familias, por encima de cualquier relato distante sobre una de las peores tragedias aéreas en Estados Unidos.
