Más de 500.000 personas salieron a la calle este sábado 17 de octubre en las principales ciudades de Francia para denunciar el aumento del coste de vida, las deficiencias de la educación pública y la violencia policial, según cifras de la Confederación General del Trabajo (CGT). La magnitud de la convocatoria, en un clima de creciente tensión política de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, volvió a poner bajo examen la capacidad de respuesta del Gobierno ante unas demandas que mezclan presión económica, servicios públicos y orden público.
Con el lema «Salarios, carestía de la vida, servicios públicos: nos unimos todos», trabajadores y estudiantes exigieron mejores condiciones económicas y más recursos para las instituciones educativas. En París, la marcha arrancó con retraso después de choques entre policías y manifestantes en la plaza de la República; los agentes emplearon un cañón de agua y, más tarde, la movilización avanzó con relativa tranquilidad hasta la plaza de Clichy. Pese a ello, en otros puntos de la capital se registraron disturbios, incendios y el uso de gases lacrimógenos contra concentraciones no autorizadas.
Las autoridades informaron de 195 detenidos en París, entre ellos 13 menores, mientras la Fiscalía vinculó esas detenciones con presuntos actos de violencia, daños a propiedades, porte de armas, posesión de productos explosivos y ocultación del rostro, aunque reconoció que la gran mayoría de los participantes se manifestaba pacíficamente. También hubo protestas de unas 20.000 personas en Lyon, una cifra similar en Nantes y alrededor de 10.000 en Rennes. En Marsella, manifestantes entraron brevemente en la sede del Ayuntamiento, en una jornada que dejó disturbios, saqueos y al menos 272 detenciones en todo el país, reforzando el contraste entre el discurso oficial y el malestar social visible en las calles.
