Cinco personas murieron tras un ataque armado en las inmediaciones del Centro Islámico de Mira Mesa, en San Diego, un hecho que las autoridades investigan como delito de odio. Entre las víctimas hay tres adultos, incluido un guardia de seguridad del recinto, además de los dos presuntos agresores, de 17 y 19 años, quienes se suicidaron después del atentado.
Según el informe policial, el Departamento de Policía de San Diego recibió la alerta por un “tirador activo” a las 11:43 horas y, cuatro minutos después, halló los tres primeros cuerpos fuera del templo. A las 11:52 horas se reportaron nuevos disparos contra un jardinero a un par de bloques del lugar. La persecución concluyó a poco más de 300 metros del punto inicial, donde los sospechosos fueron localizados dentro de un vehículo con heridas de bala autoinfligidas.
El caso también pone bajo la lupa la capacidad de prevención frente a señales previas: dos horas antes del suceso, la madre de uno de los agresores había denunciado su desaparición y advirtió que presentaba tendencias suicidas y que se había llevado tres armas de fuego junto a un compañero vestido de camuflaje. Con apoyo del FBI por la existencia de un claro discurso de odio previo, la tragedia reabre el contraste entre las condenas políticas posteriores y las explicaciones pendientes sobre cómo se llegó a un desenlace de esta magnitud.
