Pimentel, en la provincia Duarte, carga desde hace unos seis años con un deterioro vial que ha convertido la movilidad cotidiana en un problema para sus habitantes. Pese a que los trabajos de arreglo de calles ya empezaron, las denuncias siguen: se cuestiona la lentitud, la desorganización en la ejecución y la presunta falta de calidad de unas obras que, según el propio reclamo local, no dejan resultados visibles.
Durante los últimos tres años, una compañía ha tenido a su cargo el asfalto en los barrios, además de la construcción de aceras y contenes, pero el resultado no se aprecia. A ello se suma que desde hace unos meses otra empresa tomó las calles de entrada y salida del municipio —Independencia, Las Mercedes y Mella— y, de acuerdo con el regidor Manoli Montero, esas vías ahora están peor que antes. El panorama refuerza el contraste entre una intervención en curso y una realidad que sigue marcada por hoyos e incertidumbre.
Cuando llueve, el impacto se agrava. Los pimentelenses afirman que nunca saben en qué hoyo pueden caer ni si sus vehículos quedarán atrapados, por lo que a veces prefieren no salir de sus casas. La imagen viral más reciente fue la de una camioneta cargada de plátanos atascada en la calle Mella tras la lluvia, mientras un motociclista intentaba cruzar con una estudiante. En un municipio que reclama una solución básica, el estado de sus calles se ha convertido en una señal de desgaste de gestión y en un caso que exige vigilancia sobre la calidad y el ritmo de las obras.
