Las palabras atribuidas a Pedro Mir en Memoria del siglo, de la periodista Ana Mitila Lora, vuelven a colocar bajo escrutinio una tensión que durante años quedó envuelta en respeto, lealtades y silencios: la distancia entre el relato heroico de la revolución cubana y los errores que el propio poeta admitía al hablar de los países socialistas. En una de sus últimas entrevistas, en enero de 1999, Mir dijo que “la vida mostró que las cosas no eran tan sonrientes, cuando los de allá empezaron a cometer disparates”, una formulación que, sin entrar en detalles, dejaba constancia de una mirada menos complaciente sobre ese proceso político.
El texto subraya que Mir no compartía la consigna “Patria o muerte” y que creía en “Patria o vida”, aunque prefería callar antes que criticar la revolución cubana. Ese contraste expone una señal de alerta sobre cómo ciertos proyectos de poder pueden quedar protegidos por afinidades simbólicas incluso cuando ya existen dudas sobre sus resultados. La relación personal y familiar del poeta con Cuba —donde nacieron su padre y su esposa, y donde vivió cerca de 15 años— ayuda a explicar esa cautela, pero no borra el peso de su observación sobre los “disparates” cometidos.
La evocación de Mir aparece además en un momento en que el debate sobre Cuba vuelve a moverse en el plano político internacional. El artículo recuerda que Marco Rubio, secretario de Estado del Gobierno norteamericano y de origen cubano, pronunció en Miami, el 20 de mayo, un discurso en español en el que anunció “una nueva vía para Cuba”. En ese contexto, la memoria del poeta dominicano funciona como recordatorio de que, detrás de las consignas, persiste una discusión pendiente sobre rendición de cuentas, consecuencias reales y el costo de sostener discursos que durante décadas evitaron una crítica abierta.
