La suspensión de las negociaciones entre Irán y Estados Unidos volvió a elevar la tensión en el mercado energético y acercó de nuevo al Brent a la barrera de los 100 dólares, un nivel que suele trasladarse a presión sobre precios, inflación y decisiones de inversión. La posibilidad de un cierre del estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más sensibles del mundo, reactivó un riesgo que deja menos margen para el optimismo y obliga a observar de cerca sus efectos reales sobre la economía.
Nigel Green, director ejecutivo de deVere Group, advirtió que el barril podría superar los 100 dólares y sostenerse en ese nivel durante un tiempo. El giro de escenario llega después de meses en los que los mercados apostaron por una salida diplomática que ayudara a estabilizar la región. “El mercado daba por hecho que habría una solución negociada. Hoy esa suposición se debilita”, planteó Green, al señalar que no hay señales de una resolución rápida del conflicto.
La preocupación se concentra en el estrecho de Ormuz, por donde pasa cerca de una quinta parte del consumo mundial de petróleo. Por eso, incluso la amenaza de un bloqueo impacta de inmediato en los mercados. Más que un episodio puntual, la crisis empieza a interpretarse como un conflicto de mayor duración, con consecuencias que ya no pueden tratarse como simple volatilidad temporal, sino como una advertencia sobre el costo social y económico de un deterioro prolongado.
