La muerte de una adolescente de 14 años dentro del hogar de paso de Conani en El Coquito, San Antonio de Guerra, volvió a colocar bajo escrutinio las condiciones de vigilancia y control en el recinto, en medio de denuncias de residentes que aseguran que las salidas recurrentes de menores reflejan fallas de supervisión y mantienen en inquietud a la comunidad.
La tensión aumentó tras el incidente del 2 de junio, cuando más de diez adolescentes abandonaron temporalmente las instalaciones. Aunque Conani rechaza que se trate de fugas y las define como «salidas no consentidas» de menores que luego son localizados y reintegrados, vecinos consultados sostienen que los hechos exponen una realidad preocupante dentro del centro. Algunos describen gritos desde el interior, escasa información sobre lo que ocurre en el complejo y episodios en los que habrían visto a menores saltar las paredes perimetrales hacia zonas boscosas cercanas.
Frente a esos cuestionamientos, Conani insiste en que los hogares de paso no son centros de privación de libertad, sino espacios de acogida para adolescentes en alta vulnerabilidad, y afirma que ha reforzado medidas internas mientras impulsa acciones para descongestionar los hogares y mejorar la atención residencial. No obstante, el contraste entre esa explicación oficial y la preocupación expresada por la comunidad mantiene abiertas las exigencias de mayor rendición de cuentas sobre la seguridad y el funcionamiento del centro.
