Han pasado dos décadas desde el crimen contra Vanessa Ramírez Faña, y Santiago aún conserva el recuerdo de una noche atravesada por la violencia y la impotencia ciudadana. La joven, de 18 años, estudiante de Medicina de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), fue asesinada el 9 de junio de 2006 cuando regresaba a su residencia en la urbanización Cerro Hermoso.
Quienes la conocieron la describían como disciplinada, amable y comprometida con su formación profesional. Cursaba el tercer semestre y tenía un índice académico de 3.5. Hija del cardiólogo pediatra Juan de Jesús Ramírez Taveras y de la ginecóloga Rosaida Faña de Ramírez, había crecido en un entorno vinculado a la vocación de servicio y proyectaba seguir el camino de la medicina.
De acuerdo con el recuento del caso, tres hombres en motocicletas la interceptaron para despojarla de un teléfono celular y, en medio del asalto, uno de ellos le disparó en el pecho. Su muerte generó indignación inmediata en Santiago y en el país, no solo por la pérdida de una joven con un futuro prometedor, sino también por lo que el hecho dejó al descubierto sobre el impacto devastador de la delincuencia en la vida de las familias y en la tranquilidad colectiva.
