La caída de un bombardero estratégico B-52 Stratofortress de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos, registrada la mañana de este lunes en California apenas instantes después del despegue, volvió a colocar bajo la lupa los protocolos de seguridad de la aviación militar. El incidente, reportado por Europa Press, ocurrió a las 11:20 horas en las inmediaciones del aeródromo de la Base Aérea de Edwards, desde donde operaba la aeronave.
La comandancia confirmó el hecho mediante un comunicado oficial, aunque por ahora sigue sin ofrecer detalles concretos sobre el número de tripulantes a bordo y su estado de salud, y tampoco ha precisado si hubo víctimas mortales o heridos. Esa ausencia de precisiones se mantiene mientras el accidente continúa activo en el terreno y bajo investigación, en un caso que ha encendido las alertas por el impacto operativo y logístico que supone la pérdida de un aparato de esta envergadura.
Después del impacto, fueron movilizadas unidades de rescate militar, equipos de respuesta a emergencias y personal de extinción de incendios forestales y aeroportuarios para asegurar el perímetro y apagar las llamas. La administración militar aseguró que difundirá nuevos datos cuando concluyan las primeras evaluaciones de daños, pero el siniestro ya abre una exigencia de explicaciones sobre las condiciones de seguridad alrededor de una de las aeronaves más emblemáticas del arsenal estadounidense.
