Washington reabrió el 8 de mayo de 2026 archivos, imágenes, transcripciones y reportes sobre fenómenos anómalos no identificados (UAP) que durante décadas permanecieron clasificados o dispersos en distintas agencias del Gobierno estadounidense. El anuncio fue realizado por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, al poner en marcha el sistema PURSUE, bajo instrucciones directas del presidente Donald J. Trump. La medida fue presentada como un gesto de transparencia, aunque también vuelve a situar el foco sobre el tiempo en que esa información se mantuvo fuera del escrutinio público.
Entre los documentos liberados aparecen reportes acumulados desde los primeros años de la carrera espacial. Uno de ellos corresponde al episodio del 5 de diciembre de 1965, cuando Frank Borman y Jim Lovell, a bordo de la Gemini 7, informaron la presencia de un “bogey” y describieron partículas brillantes y un cuerpo luminoso en el espacio. Desde Houston se intentó encuadrar el hecho en una explicación conocida, pero Borman respondió: “Este es un avistamiento real… también tenemos el propulsor a la vista”.
El material ahora desclasificado también remite a reportes posteriores, incluidos los registrados entre 1973 y 1974 durante las misiones de Skylab. Lo que emerge no es únicamente el retrato de fenómenos sin una explicación clara, sino el de registros oficiales que durante años alimentaron sospechas y preguntas sin respuesta. La apertura de estos archivos, más que cerrar el debate, refuerza la exigencia de vigilancia sobre cómo el poder administra información sensible y cuánto tiempo puede retenerla antes de rendir cuentas.
