Washington. Estados Unidos expresó su “satisfacción” por el inicio del diálogo en Venezuela entre el Gobierno interno y un grupo opositor, al considerar que ese proceso aporta al “plan de tres fases” que respalda para la estabilización, la recuperación económica, la reconciliación política y la transición a elecciones democráticas.
El pronunciamiento, firmado por el portavoz del Departamento de Estado, Thomas Pigott, coloca el énfasis en una salida institucional, pero también deja abierta la exigencia de seguimiento sobre el cumplimiento real de esas metas. La nota también valoró las declaraciones de la Asamblea Nacional de Venezuela de 2015, encabezada por Dinorah Figuera, y del gobierno interino. En ese marco, Jorge Rodríguez sostuvo un primer contacto telefónico con Figuera, durante el que acordaron abordar la transición democrática y la atención a las víctimas de los sismos de junio. Rodríguez definió el proceso como “inclusivo y efectivo” y con “metas claras y verificables”, mientras Figuera afirmó que el diálogo busca la “transición democrática” y “la atención a las víctimas”. El punto más sensible sigue siendo el contraste entre el discurso político y la emergencia sobre el terreno. Washington apoyó iniciativas lideradas por Venezuela para atender a los afectados por los terremotos del 24 de junio, una tragedia que dejó más de 5,500 muertos, al menos 16,740 heridos y cerca de 18,000 personas sin vivienda.
En ese escenario, el avance del diálogo queda bajo presión: no solo por la promesa de fortalecer las instituciones democráticas y ampliar las libertades políticas, sino por la necesidad de que la respuesta a la crisis humanitaria no quede reducida a anuncios.
