Los acuerdos bilaterales de “comercio recíproco” anunciados por la Casa Blanca el 13 de noviembre de 2025 y suscritos en el primer trimestre del año en curso por Argentina, Ecuador, El Salvador y Guatemala vuelven a poner bajo escrutinio el rumbo comercial de la región. Aunque fueron presentados como cierres exitosos de negociación, los textos repiten cláusulas de política comercial y económica y, según el análisis, tuvieron inicialmente escasa difusión al circular solo en versiones oficiales en inglés, a la espera de su eventual tratamiento legislativo.
El punto más sensible no está en las preferencias comerciales, sino en las obligaciones asumidas por esos países latinoamericanos. Entre ellas figura la adhesión incondicional a represalias comerciales adoptadas por Estados Unidos contra terceros países, una condición que refuerza la preocupación por el margen real de autonomía con que se negocian estos compromisos y por sus consecuencias institucionales y económicas.
La firma de estos acuerdos se produce, además, en un contexto internacional marcado por el rechazo de Estados Unidos al orden multilateral, la imposición de recargos arancelarios y la oferta de eximir de esos recargos a los países que acepten condiciones ajustadas a sus pretensiones. Bajo ese escenario, el debate ya no se limita al libre comercio: también alcanza la necesidad de fiscalizar qué ceden los países de la región, qué capacidad conservan para defender sus propios intereses y qué costos puede terminar asumiendo la ciudadanía.
