La muerte de una adolescente de 14 años en el sector Mendoza, en Santo Domingo Este, volvió a encender la presión sobre una revisión estricta de la actuación policial, después de que la Policía Nacional confirmara la detención del raso Edwin De los Santos Guerrero, de 23 años, señalado en el hecho. La institución añadió que el arma de reglamento asignada al agente fue retenida y remitida a peritos para fines de investigación.
La abuela del alistado, en medio del impacto por el caso, decidió hablar y lo describió como una tragedia profundamente dolorosa para la familia. Aseguró que el joven siempre fue pacífico y distante de los conflictos, y afirmó además que era la primera vez que la menor acudía a la residencia.
Más allá del drama familiar, el episodio vuelve a colocar frente al país el contraste entre el deber de control de los cuerpos armados y el desenlace que hoy sacude a la comunidad. Con una menor fallecida y un agente detenido, la atención se centra otra vez en la vigilancia, la rendición de cuentas y las respuestas verificables ante un hecho que expone el costo social de una nueva crisis vinculada a la seguridad.
