Este sábado, Cuba volverá a vivir una jornada de fuertes restricciones eléctricas: en la tarde-noche, el tramo de mayor demanda, hasta un 67 % de la isla quedará desconectada al mismo tiempo, según datos oficiales cotejados por EFE. La cifra confirma la profundidad de una crisis energética que se arrastra desde mediados de 2024 y que en los últimos meses ha convertido los apagones prolongados en parte de la rutina diaria.
La estatal Unión Eléctrica (UNE) calcula una capacidad de generación de 1.080 megavatios frente a una demanda máxima de 3.200 MW. El resultado sería un déficit de 2.120 MW y una afectación estimada de 2.150 MW para evitar cortes desordenados. En julio ya se registraron tres apagones nacionales en una semana y hubo jornadas en las que se desconectó al 74 % de la isla; mientras tanto, en La Habana los cortes por falta de capacidad de generación superan habitualmente las 20 horas diarias y en otras provincias alcanzan hasta 40 horas continuas.
El colapso responde, según el propio texto, a un sistema profundamente obsoleto, años sin inversiones suficientes y nuevas presiones sobre el suministro de combustibles. Diez de las 16 unidades termoeléctricas están fuera de servicio por averías o mantenimiento, y los generadores que dependen de diésel y fueloil importado permanecen paralizados. El efecto sigue siendo el mismo: una crisis sin alivio inmediato y una presión creciente sobre la vida cotidiana, en un escenario que refuerza la exigencia de vigilancia pública y rendición de cuentas ante el deterioro de un servicio esencial.
