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Gigantes tecnológicos convierten la tierra en refugio mientras crece la presión sobre la comida

agosto 13, 2026 · Redactor
Gigantes tecnológicos convierten la tierra en refugio mientras crece la presión sobre la comida
Foto: elnuevodiario.com.do

La apuesta de Bezos; Gates y otros magnates reabre la vigilancia sobre un recurso cada vez más escaso y de impacto directo en el costo de vida.

Los mismos nombres que dominaron la economía digital están moviendo capital hacia la tierra agrícola, un giro que vuelve a poner bajo escrutinio quién controla un recurso clave para la alimentación. Bill Gates acumula 275,000 acres de tierra agrícola en Estados Unidos, distribuidos en 17 estados, de los cuales 248,000 están sembrados activamente.

Jeff Bezos ha colocado cientos de millones de dólares en agricultura vertical a través de Plenty y en conservación de suelos con Earth Fund. Mark Zuckerberg posee un rancho agrícola de 2,300 acres en Kauai, Hawái, y Ted Turner controla casi 2 millones de acres convertidos en reservas y ranchos productivos. El dato central no es solo la magnitud de esas inversiones, sino lo que revela sobre la economía real: la tierra cultivable se ha vuelto un activo de resguardo frente a la inflación y la volatilidad financiera. Gates, según el texto, atribuye sus compras a una lógica de inversión sin “plan oculto”. Pero el propio mercado que atrae a estos multimillonarios expone una presión mayor para la sociedad civil y los sistemas públicos: Estados Unidos pierde cerca de 2 millones de acres de tierra agrícola cada año por la expansión urbana y el deterioro de los suelos, mientras la demanda mundial de alimentos sigue en aumento. Ese contraste entre el discurso del futuro digital y el regreso de las grandes fortunas al campo deja una señal política e institucional: cuando los actores con más capital se refugian en activos ligados a la comida, el debate deja de ser tecnológico y pasa a tocar seguridad alimentaria, vigilancia sobre recursos estratégicos y costo social.

La proyección de 9,700 millones de personas para 2050 refuerza que el problema no es de espectáculo ni de narrativa de innovación, sino de prioridades concretas y de rendición de cuentas sobre cómo se protege la capacidad de producir alimentos.