La advertencia de “más vale tres horas antes que un minuto tarde” funciona en el texto como una lectura crítica del atraso científico y tecnológico de América Latina, un problema que el autor sitúa tanto en raíces históricas como en decisiones políticas que se han ido postergando. En un escenario global marcado por la inteligencia artificial, la transición energética, la biotecnología y las nuevas infraestructuras digitales, la región vuelve a quedar frente al contraste entre la velocidad del cambio mundial y la lentitud con que sus sistemas políticos reaccionan.
El artículo recuerda que, pese a la temprana creación de universidades como Santo Tomás de Aquino, San Marcos y la Real y Pontificia, las colonias españolas no se adelantaron al nacimiento de la ciencia moderna. Esa brecha, sostiene, no fue resuelta en la época republicana y hoy persiste no solo por el retraso acumulado, sino también por la demora en definir cómo superarlo.
Según el texto, durante décadas gobiernos, élites económicas y sistemas políticos han reconocido la necesidad de modernizar universidades, investigación e industria, pero las políticas necesarias han sido frecuentemente aplazadas. Crisis económicas, inestabilidad política y emergencias sociales han desplazado inversiones estratégicas, dejando en evidencia una falla recurrente de prioridad pública: se admite el problema, pero las decisiones siguen llegando tarde.
