Los hechos violentos registrados en Santiago y otras provincias del Cibao han dejado muertos y heridos en discusiones, conflictos personales, accidentes de tránsito y enfrentamientos armados, con efectos directos sobre ciudadanos comunes y trabajadores. La secuencia de casos vuelve a colocar bajo vigilancia una realidad que desborda el discurso de normalidad y pone de relieve el peso social de la violencia en la región Norte.
Entre los episodios reportados está la muerte de Lisandro Medina Rodríguez, alias “Cacu”, de 23 años, luego de recibir un disparo durante una discusión con un prestamista en el sector La Otra Banda, en Santiago, hecho en el que también resultó herido un motoconchista que transitaba por la zona. También falleció el chofer del camión recolector de basura Deivy Abreu Quezada, de 41 años, quien fue perseguido y apuñalado por una turba de motoristas tras un incidente de tránsito en la avenida Circunvalación de Santiago. A ello se suma la muerte de Julio César Soriano Jiménez, de 44 años, por heridas cortopunzantes durante una riña con un compañero de trabajo en el sector La Española.
La cadena de hechos se extendió a La Vega, donde José Rafael Suárez Ángeles murió tras recibir múltiples disparos mientras compartía en un juego de dominó y bebidas alcohólicas en Río Seco, distrito municipal de Cutupú. En Villa Progreso, La Herradura, Santiago, David Antonio Fernández García murió por heridas de bala durante una discusión, caso por el que fue arrestado Anthony Andrés Montero, conocido como “Arcángel” y “El Peluquero”. En Hato del Yaque, agentes de la Policía Nacional ultimaron a Carlos Alberto Díaz, señalado como integrante de la banda “La Pólvora”, vinculada a varios homicidios en Santiago y Jarabacoa. En este contexto, una psicóloga atribuyó el aumento de las agresiones a fallas en la formación familiar y emocional, una señal de alarma sobre un deterioro social cuyas consecuencias ya se traducen en vidas perdidas.
