La reciente caída de un avión de carga de Amazon volvió a traer a la memoria un accidente ocurrido hace 29 años en una ruta con destino a República Dominicana, un antecedente que pone de relieve el costo humano de las fallas de supervisión en este tipo de operaciones. El 7 de agosto de 1997, el vuelo 101 de Fine Air despegó del aeropuerto internacional de Miami y perdió el control poco después de salir.
Los registros periodísticos y la Junta Nacional de Seguridad del Transporte (NTSB) señalan que el Douglas DC-8-61, matrícula N27UA, era operado por Fine Airlines Inc. y transportaba al capitán Dale Patrick Thompson, al copiloto Steven Petrosky, al ingeniero de vuelo Glenn Millington y a Enrique Soto, vigilante de seguridad. Después de una primera alerta de stall, la tripulación consiguió estabilizar la aeronave, pero la situación se repitió junto con otras alarmas. Testigos afirmaron que el avión cayó de cabeza y explotó al impactar en una carretera.
El saldo fue de cinco muertos: los cuatro ocupantes y otra persona que se encontraba en tierra, dentro de un vehículo alcanzado por el incendio. En su informe, la NTSB indicó que la aeronave quedó destruida por el impacto y el fuego posterior, y añadió que la causa probable fue el fracaso de Fine Air en ejercer el control operativo sobre el proceso de carga de la mercancía. El episodio, ocurrido en un vuelo con destino a Santo Domingo, deja una alerta institucional vigente: cuando el control falla, el discurso de seguridad queda desmentido por las consecuencias.
