El homenaje a Juan Bolívar Díaz Santana no solo remite a una relación de maestro y discípulo: también deja al descubierto la precariedad con que podía definirse el futuro de un joven periodista. El autor recuerda que, cuando era estudiante de término de Comunicación Social en la UASD, fue llevado por Díaz Santana a practicar en la sala de redacción de Noticiario Popular, donde este era director en 1976, y que después logró integrarse al staff tras su recomendación ante Corporán de los Santos.
Sin embargo, el núcleo del relato no es únicamente el reconocimiento al maestro, sino la vulnerabilidad que rodeó ese comienzo profesional. Antes de cobrar la primera quincena, el autor fue cancelado y también se revocó un aumento salarial a la archivista Altagracia Castillo (Tatica). Según cuenta, Juan Bolívar intervino y advirtió que, si no se revertían ambas decisiones, renunciaría. Al día siguiente, Corporán accedió.
La anécdota, presentada como tributo personal, también funciona como una advertencia sobre una realidad en la que el acceso, la permanencia y la estabilidad podían depender menos de reglas claras que de la voluntad de figuras con capacidad de presión. El autor atribuye a esa solidaridad haber podido permanecer unos tres años en Noticiario Popular y abrirse paso hasta llegar al periódico HOY, donde afirma tener 44 años.
