La entrada en vigor este martes de nuevos aranceles de represalia de hasta 50% aplicados por Canadá a determinadas importaciones de Estados Unidos confirmó el fracaso de las negociaciones entre ambos países y profundizó una escalada comercial que ya golpea mercancías por unos US$20,000 millones anuales. La medida comenzó a regir poco después de la medianoche y alcanza productos como ropa, acero y queso.
Ottawa activó los gravámenes después de que no prosperaran las conversaciones del mes pasado, en respuesta a los aranceles impuestos previamente por el presidente estadounidense, Donald Trump, a bienes procedentes de Canadá. Aunque los productos afectados representan solo una pequeña parte del intercambio comercial anual entre los dos países, el choque expone el deterioro de la relación entre dos de los principales socios económicos de América del Norte y deja en evidencia la falta de resultados de la vía negociadora. El nuevo episodio de tensión comercial muestra cómo decisiones de poder terminan trasladando costos sobre sectores concretos del comercio, mientras cada gobierno responde a las medidas del otro.
Con el alcance de las tarifas concentrado en mercancías específicas, la escalada reabre la necesidad de vigilancia sobre el impacto real de esta confrontación y sobre la capacidad de las autoridades para evitar que el conflicto siga sustituyendo a los acuerdos.
