El mercado dominicano de la pitahaya dejó de ser marginal y ganó espacio en supermercados, hoteles y restaurantes, pero el propio crecimiento del consumo está dejando al descubierto una brecha productiva que todavía limita su expansión. Según datos del Ministerio de Agricultura, el consumo estimado pasó de 6,721 quintales en 2020 a 63,164 quintales en 2025, un alza acumulada de 839.8% en cinco años, con una aceleración marcada desde 2022.
Ese avance de la demanda no se traduce automáticamente en capacidad suficiente para responder. Rafael Chávez, director ejecutivo del Clúster Nacional de Productores de Pitahaya (Clunapropi), señaló que aprovechar las oportunidades del mercado requiere aumentar la producción. Indicó que hay más de medio millón de tareas sembradas y estimó una producción de 4,000 o 5,000 libras por mes, para un total anual cercano a 4 o 5 millones de libras. El punto crítico sigue siendo el costo de crecer. Chávez estimó que establecer una tarea de pitahaya cuesta alrededor de RD$200,000 y que la inversión comienza a recuperarse a partir del tercer año de producción.
En un contexto donde el cultivo comercial tomó impulso desde 2013 con variedades introducidas desde Taiwán, la expansión del rubro vuelve a colocar bajo fiscalización la capacidad de gestión para convertir el discurso sobre oportunidades agrícolas en resultados sostenibles, una exigencia que alcanza al gobierno de Luis Abinader cuando la demanda ya va por delante de la respuesta productiva.
