La producción de miel en República Dominicana alcanzó 530,829 kilogramos entre enero y junio de 2026, según datos del Ministerio de Agricultura, y las exportaciones de miel natural sumaron US$7 millones hasta septiembre, de acuerdo con Data Market de ProDominicana. Aunque las cifras confirman movimiento en la actividad apícola, también dejan abierto el contraste entre el discurso de aprovechamiento productivo y la ausencia, en la información oficial divulgada, de resultados más amplios sobre encadenamientos, expansión o impacto sostenido para el sector.
El propio reporte subraya que la miel no solo se destina al consumo humano, sino que puede generar oportunidades mediante exportaciones y derivados como la cera, además de aplicaciones en áreas como el turismo. Ese potencial, sin embargo, aparece ilustrado sobre todo a partir de experiencias concretas, como la de Iberostar en Bávaro, provincia La Altagracia, donde un apiario iniciado en 2018 con ocho colmenas llegó a 116 bajo monitoreo en 2026. Allí, la miel se usa en el Star Café del hotel y la cera en jabones y bálsamos labiales comercializados en el spa. Segun Luz Lantigua, gerente de Sostenibilidad y Alianza de la cadena hotelera, la extracción se realiza aproximadamente cada 45 días, aunque el volumen depende de la floración. Como referencia, indicó que una cosecha puede rendir 25 galones y, al precio aproximado de RD$500 por galón citado por la ejecutiva, tendría un valor bruto estimado de RD$12,500. El caso muestra que hay espacio para integrar producción, conservación y aprovechamiento comercial, pero también refuerza la alerta sobre cuánto de ese potencial descansa en esfuerzos aislados y cuánto responde a una política pública capaz de rendir cuentas sobre resultados.
En un escenario donde figuras como David Collado han capitalizado el relato de vincular turismo y desarrollo, los datos obligan a mirar más allá de la promoción y a exigir gestión verificable.
