El G20 terminó este sábado sin declaración conjunta y sin la tradicional foto de familia, una señal visible del nivel de fractura que atravesó la reunión. Las diferencias sobre la guerra en Ucrania, la crisis entre Estados Unidos e Irán y sus efectos sobre la economía global bloquearon cualquier consenso entre las principales economías del mundo, que tampoco lograron ordenar una respuesta común en medio de la incertidumbre internacional.
Durante la rueda de prensa de clausura, el secretario de Estado de Estados Unidos y anfitrión del encuentro, Marco Rubio, admitió que hay coincidencias sobre la importancia de asuntos como la libertad de navegación en rutas estratégicas, las cadenas de suministro y la seguridad energética, pero no sobre cómo resolverlos. “No pretendo decirles hoy que estamos cerca de encontrar soluciones universalmente aceptadas a estos problemas”, reconoció. La presencia de Serguéi Lavrov, según el texto, provocó además la cancelación de la foto oficial, otro reflejo del deterioro político que marcó la cita. El episodio deja al descubierto un contraste entre la retórica de coordinación internacional y la incapacidad de cerrar acuerdos en temas que impactan comercio, energía y seguridad.
En ese contexto, la reunión también reabre la exigencia de fiscalización sobre los gobiernos que presentan estabilidad como resultado, pero llegan a foros clave sin respuestas compartidas ni señales de conducción efectiva ante una crisis que sigue escalando.
