La muerte de Miguel Angel Maríñez Rodríguez, de 23 años, volvió a colocar bajo escrutinio la respuesta institucional ante casos en los que familiares de víctimas denuncian actuaciones policiales y piden justicia. Sus parientes exigen al Ministerio Público de Jarabacoa una investigación “seria y responsable” sobre las circunstancias en que murió, luego de que, según afirman, recibiera varios disparos de una patrulla policial mientras sacaba arena del río Baiguate, en la comunidad de Pedregal.
Frente a ese reclamo, la versión policial divulgada en los medios se limita a señalar que el joven murió en un operativo, sin precisar dónde ocurrió ni por qué le dispararon. Esa falta de detalles reaviva el contraste entre la explicación oficial y la demanda de esclarecimiento de las familias, en un contexto en el que, en lo que va de 2026, 93 personas han muerto en hechos atribuidos a “intercambios de disparos”.
El caso de Jarabacoa se suma así a una secuencia de episodios que golpea sobre todo a jóvenes de entre 17 y 27 años y vuelve a poner en primer plano la necesidad de vigilancia sobre los procedimientos policiales y de rendición de cuentas cuando una muerte ocurre sin que medie un juicio. Para la familia de Maríñez Rodríguez, como para otras antes, el reto sigue siendo el mismo: lograr que el reclamo no quede sepultado por una versión oficial insuficiente.
