China está actualizando con inteligencia artificial avanzada la mayor red de vigilancia del mundo, en una expansión que refuerza la capacidad del Estado para seguir a las personas, examinar su comportamiento y prever posibles disturbios en tiempo real. Un análisis del Financial Times, basado en más de una docena de documentos de adquisición y entrevistas con personas familiarizadas con los contratos, apunta a que gobiernos locales de todo el país están desplegando nuevos sistemas impulsados por IA, en línea con la orientación de Pekín hacia la llamada “vigilancia policial predictiva”.
Ese movimiento supone el mayor impulso en años para modernizar un aparato de vigilancia levantado hace una década y ya utilizado de forma amplia para monitorear al público, reducir la delincuencia callejera, reprimir la disidencia y gestionar la estabilidad social. A la vez, el giro deja al descubierto un contraste con la imagen de sistema de vanguardia que Pekín ha promovido durante años: según el reporte, la infraestructura seguía arrastrando hardware obsoleto, plataformas de software fragmentadas y funciones de IA limitadas.
La nueva inversión añade cámaras y software capaces de interpretar escenas, detectar patrones de comportamiento y recuperar imágenes mediante indicaciones escritas, lo que reduce de manera drástica la revisión manual por parte de la policía. “El antiguo sistema de vigilancia de China es reactivo. No es eficaz para anticipar ni comprender las intenciones de personas que no se encuentran bajo vigilancia explícita”, dijo Minxin Pei, experto en sistemas de gobernanza y vigilancia chinos del Claremont McKenna College.
