La salida de Antonio Taveras Guzmán del Partido Revolucionario Moderno (PRM) colocó en primer plano una crisis interna que el oficialismo intenta contener, pero que ya impacta una de las plazas electorales más importantes del país. El senador por la provincia Santo Domingo anunció su renuncia durante una sesión ordinaria del Senado de la República, se declaró independiente y sostuvo que el partido perdió el rumbo estratégico, quedó a medio camino en la lucha contra la corrupción y terminó reproduciendo prácticas clientelares que había prometido enfrentar.
La decisión convirtió a Taveras Guzmán en la señal más visible de una semana de tensiones dentro del PRM, en momentos en que la organización busca restar importancia a sus fracturas. Al mismo tiempo, su salida abrió una disputa anticipada por el espacio político que deja en Santo Domingo, donde ya circulan los nombres del diputado Jheyson García y del dirigente Adolfo Pérez de León como posibles opciones mencionadas en conversaciones políticas y plataformas digitales.
En paralelo, en redes sociales ha circulado la versión de una eventual juramentación del legislador en la Fuerza del Pueblo, aunque hasta ahora no ha anunciado adhesión formal a ninguna organización. Más allá del movimiento individual, la renuncia instala un contraste incómodo para el oficialismo: una figura electa por el PRM abandona sus filas denunciando desvíos en áreas sensibles como la corrupción y el clientelismo, dos banderas que el partido había colocado en el centro de su discurso.
