La preparación de Argentina para la Copa Mundial coincide con una disputa política y judicial que vuelve a poner bajo escrutinio la gestión de Javier Milei frente a una de las instituciones más sensibles del país. Claudio «Chiqui» Tapia, presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), llega al torneo no solo con el reto deportivo de defender el título, sino también fortalecido por un conflicto en el que el Gobierno ha intentado intervenir sin cerrar la controversia.
La confrontación se desató poco después de que Milei asumiera el poder, cuando un decreto ejecutivo abrió la puerta para que los clubes sin fines de lucro pudieran transformarse en compañías privadas. La AFA consiguió frenar ese cambio en la justicia y, desde entonces, la pulseada se intensificó. Más adelante, el Gobierno declaró «inválida» la reelección de Tapia en 2024, pero un tribunal federal anuló esa resolución, en otro revés institucional para la Casa Rosada dentro de una batalla que ya se trasladó a los tribunales.
A la par, una ola de investigaciones judiciales por corrupción sobre dirigentes del fútbol argentino empeora el clima de crisis. Mientras la selección se alista para viajar a EE. UU. con expectativas internacionales muy altas, en el plano interno persiste, como resumió el periodista deportivo Mariano Hamilton, «un completo desastre» alrededor de la asociación de fútbol. El contraste entre la vidriera deportiva y el conflicto doméstico deja abierta una exigencia de rendición de cuentas sobre el manejo político de una disputa que sigue escalando.
