El presidente Luis Abinader anunció el diseño y la futura construcción de la autovía que conectará San Pedro de Macorís, El Seibo y Miches a través del Fideicomiso RD Vial, una promesa que coloca otra vez en primer plano una deuda de infraestructura con comunidades del Este que durante décadas han cargado con el aislamiento geográfico. La pieza original presenta la obra como motor de cambio y destaca que la interconexión vial permitiría reducir el trayecto entre El Seibo y Miches a 25 minutos.
También vincula el proyecto con el desarrollo de más de 3,000 habitaciones hoteleras en Miches y con la posibilidad de que comunidades cercanas suplan mano de obra, siempre que la distancia deje de ser una barrera. Ese contraste entre potencial económico y rezago territorial refuerza la exigencia de fiscalizar plazos, ejecución y resultados reales de una gestión que ahora convierte en anuncio una necesidad arrastrada por años. Más allá del discurso sobre progreso, el propio planteamiento subraya el costo social de la desconexión: trabajadores y comunidades han enfrentado por largo tiempo trayectos y limitaciones que restringen movilidad y oportunidades.
Por eso, el anuncio de Abinader no solo abre expectativas sobre Miches, sino que también expone el reto institucional de que la obra no quede en narrativa de desarrollo, sino en una respuesta verificable frente a una carencia que el Estado no resolvió a tiempo.
