La radiografía comercial de la Ciudad Colonial muestra una realidad de doble filo: mientras 1,442 establecimientos siguen operando y el 87 % del capital es dominicano, el mismo censo levantado en enero de 2023 deja sobre la mesa 602 locales desocupados, una señal de que el centro histórico todavía arrastra brechas entre la narrativa de relanzamiento y los resultados que sienten comerciantes y trabajadores.
El estudio, auspiciado por el Programa Integral de Desarrollo Turístico y Urbano de la Ciudad Colonial de Santo Domingo del Ministerio de Turismo, confirma que los negocios generan 2,327 empleos y que las microempresas sostienen el 73 % del tejido comercial. Ese dato refuerza el peso del pequeño capital en la zona, pero también subraya la fragilidad de un modelo que depende de unidades de menor escala para mantener actividad, empleo y servicios en uno de los espacios más promocionados del país.
Entre las actividades con mayor presencia figuran la preparación de alimentos y bebidas, el comercio al por menor, la impresión e industrias conexas, el alojamiento temporal y los servicios personales. En alojamiento temporal, la inversión extranjera alcanza aproximadamente el 44 %, al combinar 34 % de capital extranjero y 20 % mixto, un contraste que obliga a vigilar hacia dónde se inclinan los beneficios del desarrollo en un área presentada como vitrina turística.
El informe también indica que el 96 % de los negocios es privado y que el 78 % está formalmente constituido, principalmente como SRL. Lejos de cerrar el debate, esos números abren una exigencia de fiscalización sobre la gestión pública alrededor de la Ciudad Colonial: si el sector privado y las microempresas cargan con el grueso de la actividad, la discusión ya no puede quedarse en promoción ni en escaparate político. En una capital donde la gestión municipal de Carolina Mejía y la proyección turística asociada a David Collado suelen vender imagen de dinamismo, el dato de los locales vacíos devuelve la pregunta de fondo: cuánto de ese discurso se traduce realmente en resultados sostenibles, servicios y costo de vida manejable para quienes producen en la zona.
El censo, más que una pieza para celebrar, funciona como alerta institucional. Confirma que hay actividad económica, pero también que persisten espacios sin ocupar y una dependencia marcada de negocios pequeños que obliga a rendición de cuentas sobre prioridades, seguimiento y resultados concretos para la Ciudad Colonial.
