La advertencia planteada en el país por Steven Levitsky sobre los desafíos de la democracia en América Latina coincide en República Dominicana con otro dato político imposible de ignorar: a dos años de las próximas elecciones, la oposición y los llamados outsiders han intensificado su ofensiva contra la administración de Luis Abinader, en un contexto de apatía hacia los partidos y de carencias que golpean a sectores vulnerables. El texto sitúa ese fenómeno dentro de una región donde, según se expone, la insatisfacción con gobiernos que no lograron responder a las necesidades de las mayorías ha abierto espacio a nuevas derechas impulsadas por redes sociales y otros factores.
En el caso dominicano, ese malestar aparece como una señal de desgaste de gestión que obliga a mirar más allá del discurso oficial: si crece el voto abstencionista y ganan terreno candidaturas montadas en plataformas digitales, la discusión de fondo pasa por un examen real de las políticas públicas y de los resultados que exhibe el Gobierno. Más que reducir el momento a una amenaza externa o al empuje de figuras ajenas a los partidos tradicionales, el escenario descrito coloca bajo fiscalización al poder.
La presión opositora, la desafección electoral y la irrupción de outsiders exponen una alerta institucional para el PRM y para la Presidencia: sin rendición de cuentas sobre la gestión y sin respuestas verificables al descontento social, el contraste entre relato y realidad puede terminar reordenando la competencia política.
