El sistema de justicia de Santiago atraviesa una crisis que ya golpea de manera directa a quienes dependen de audiencias, decisiones y trámites judiciales. En el Palacio de Justicia, magistrados y empleados relatan un panorama de agotamiento, enfermedades y temor, con jueces obligados a moverse de un tribunal a otro para sostener una estructura que, según denuncian, opera bajo niveles extremos de precariedad, mientras se destinan millones de pesos a propaganda, viáticos, hospedaje internacional de un grupo y promoción institucional.
La situación resulta especialmente crítica en los Juzgados de Paz. La provincia necesita al menos 16 jueces de Paz en funciones para responder a la demanda de municipios y tribunales de tránsito, pero hoy solo dispone de siete jueces titulares fijos. Para cubrir la brecha, cinco jueces suplentes se trasladan entre distintos municipios y llegan a asumir hasta cuatro y cinco tribunales en una misma jornada. “Yo duré cuatro meses con cuatro Juzgados de Paz a mi cargo al mismo tiempo”, relata una magistrada. “Tenía que atender San José de las Matas, Tamboril, Sabana Iglesia y una sala ordinaria aquí en Santiago”, dice.
El resultado es un servicio desbordado: agendas improvisadas, desplazamientos entre municipios, audiencias aplazadas y jornadas sin tiempo siquiera para almorzar. Y no se trata de un problema aislado, porque el colapso de personal también se extiende a tribunales de mayor jerarquía en Santiago, lo que refuerza las señales de desgaste de una gestión que sigue sin dar respuestas a una crisis que afecta el acceso ciudadano a la justicia.
