La Administración de Donald Trump volvió a endurecer su presión sobre Brasil con la amenaza de nuevos aranceles y la designación como grupos terroristas de bandas criminales brasileñas, en medio de la pugna electoral entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. El movimiento coloca a Washington como un actor de peso en la antesala de las presidenciales del 4 de octubre y reaviva las alertas sobre la injerencia externa en un proceso institucional sensible.
En menos de un mes, Trump recibió en el Despacho Oval tanto a Lula como a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. La secuencia ha dejado expuesta una línea de actuación errática desde Estados Unidos. “Es difícil entender la estrategia de Estados Unidos hacia Brasil, si es que la tiene”, dijo a EFE Benjamin Gedan, director del Programa de América Latina del centro de estudios Stimson. El experto añadió que, tras un encuentro “cálido” con Lula en la Casa Blanca, Trump ahora parece volver a priorizar su apoyo a la oposición conservadora.
El giro refuerza el contraste entre el acercamiento previo a Lula y el posterior guiño a Bolsonaro. El año pasado, Trump intentó sin éxito frenar el proceso judicial contra Jair Bolsonaro, condenado a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado contra Lula. Después de imponer elevados aranceles a las importaciones brasileñas, la Administración republicana reculó tras una negociación con el Gobierno de Lula. Sin embargo, luego de la reunión del 7 de mayo con el mandatario brasileño, Trump recibió el 26 de mayo a Flávio Bolsonaro, que buscaba relanzar su campaña presidencial, afectada por sus vínculos con un banquero envuelto en un caso de corrupción.
