La facilidad para obtener tarjetas de crédito contrasta con la poca claridad sobre su costo real para los usuarios. Entre promesas de millas, cashback y descuentos, la oferta suele destacar el pago mínimo como una salida cómoda, aunque el economista Jesús Geraldo Martínez advierte que esa opción favorece al banco y no al cliente.
De acuerdo con el especialista, una tarjeta dominicana promedio cobra entre 50 % y 60 % de interés efectivo anual sobre el saldo financiado. Bajo ese esquema, una deuda de RD$ 100,000 pagada solo con el mínimo —por lo general entre 3 % y 5 % del saldo— puede tardar más de 10 años en saldarse y terminar costando más del doble del monto original. Martínez también indica que un consumo de RD$ 45,000, presentado como compra a cuotas, puede subir a RD$ 90,000 o más si no se liquida el total cada mes.
El problema, añade, no se limita al monto adeudado, sino a la forma en que se calcula el interés: no solo sobre el saldo pendiente al cierre, sino sobre el saldo promedio diario del período. Esa mecánica, poco explicada al usuario, convierte el pago mínimo en la alternativa más cara y refuerza una alerta sobre el costo social de un sistema en el que la información clave no siempre se muestra con la misma visibilidad que la oferta comercial.
