La conversación pública sobre asuntos estratégicos volvió a quedar marcada por el reclamo de mayor rigor, a raíz de la valoración del 1er Congreso vinculado al «Centro de Pensamiento Estratégico Dominicano» y de la posterior intervención del ex-presidente Fernández ante el Club de Debates de los Estudiantes de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra. En el texto original, la actividad se describe como un espacio útil para diferenciar a los expertos de quienes presentan como análisis académicos posturas emocionales e ideologizadas.
Ese contraste, más allá de lo intelectual, deja una advertencia institucional: cuando el debate nacional se llena de improvisación, se debilita la capacidad de la sociedad civil y de los actores públicos para fiscalizar con seriedad las decisiones de poder. La evocación de Robin G. Collingwood y el reconocimiento al geopolitólogo Iván Gatón refuerzan justamente esa idea de método, estudio y revisión constante frente a la ligereza que contamina parte de la conversación nacional.
En ese marco, la presencia de Fernández en un espacio universitario de debate adquiere peso político por el tipo de discusión que coloca sobre la mesa: una deliberación más exigente, abierta al escrutinio y menos complaciente con la superficialidad. El hecho de que el autor celebre escenarios de formación y contraste de ideas subraya una carencia más amplia del país: la necesidad de elevar el nivel del debate público para que el discurso no sustituya a la rendición de cuentas.
