La atención creciente por el Día Mundial del Ovni en Estados Unidos vuelve a poner bajo la lupa cómo las instituciones gestionan afirmaciones extraordinarias y qué respaldo real tienen. El año pasado, un exoficial de inteligencia de la Fuerza Aérea de Estados Unidos informó al Congreso sobre un programa gubernamental que recupera objetos voladores no identificados y les aplica ingeniería inversa, mientras la NASA designó a un director de investigación sobre estos casos, a los que llama “fenómenos anómalos no identificados”.
No obstante, el repunte del tema convive con un marcado contraste entre el ruido público y la evidencia disponible. El Pentágono rechazó las afirmaciones del exoficial, investigadores mexicanos sostuvieron que las supuestas momias presentadas en una audiencia del Congreso de México “no tenían ni pies ni cabeza”, y un estudio de la NASA no encontró pruebas de la existencia de extraterrestres.
En ese marco, la conmemoración del Día Mundial del Ovni, ligada al incidente de Roswell de 1947, reaviva una discusión que sigue oscilando entre denuncias, versiones oficiales y sospechas de encubrimiento. Décadas después, el caso sigue siendo referencia de una disputa institucional en la que persisten preguntas sobre transparencia, verificación y rendición de cuentas frente a afirmaciones que captan atención pública sin pruebas concluyentes.
