Citigroup proyectó que la economía dominicana crecerá 4% en 2026, una previsión que, aunque positiva, obliga a mirar más allá del dato y a preguntar cómo se traducirá en la vida cotidiana de la población.
La estimación se apoya en un entorno externo más favorable y en la resiliencia que ha mostrado la economía local. Sin embargo, el indicador por sí solo no resuelve la discusión de fondo: si el crecimiento terminará reflejándose en más empleo, mayor poder de compra y un alivio real para los hogares.
En ese punto, la lectura económica exige seguimiento y fiscalización. No basta con proyectar expansión; también hace falta observar qué condiciones la sostendrán, cómo se distribuirán sus beneficios y qué resultados concretos podrán verificarse para los ciudadanos.
La previsión de Citigroup vuelve así a colocar sobre la mesa una demanda básica de rendición de cuentas: que cualquier mejora macroeconómica pueda medirse en impactos tangibles y no solo en porcentajes favorables para los reportes.
