La universidad dominicana atraviesa una etapa de cambios tecnológicos, económicos y culturales sin haber completado todavía la transición hacia un modelo sustentado en la investigación, la innovación y la producción de conocimiento. En ese marco, la advertencia sobre el riesgo de convertir la educación superior en una simple “fábrica de títulos” vuelve a poner el foco en una debilidad estructural que reclama vigilancia pública y rendición de cuentas.
En las últimas décadas, el sistema universitario del país amplió matrículas y abrió más oportunidades de acceso, y miles de familias encontraron en la educación superior una vía de movilidad social. Sin embargo, ese crecimiento en cantidad no vino acompañado, en la misma proporción, de mejoras en la calidad académica, la investigación científica ni la formación intelectual, lo que deja al descubierto el contraste entre expansión y resultados.
La paradoja planteada es difícil de soslayar: hoy el país cuenta con más graduados universitarios que nunca, mientras persisten las dudas sobre la capacidad del sistema para formar ciudadanos críticos, generar conocimiento relevante y aportar de manera decisiva al desarrollo nacional. El debate, más que académico, termina convertido en una alerta institucional sobre una oportunidad que el país aún no logra aprovechar.
