La captura de cuatro policías del CICPC acusados de quedarse con «bienes económicos» entre los escombros en La Guaira volvió a evidenciar un problema más amplio que la sanción inmediata: el desgaste institucional que afloró incluso en tareas de rescate y asistencia tras los terremotos de la semana pasada. El caso salió a la luz luego de la circulación de videos en redes sociales y dejó en evidencia que la fiscalización ciudadana fue decisiva para exponer una conducta que golpea a víctimas de una tragedia.
De acuerdo con el comunicado oficial, los agentes fueron expulsados del organismo y serán llevados ante tribunales. Los oficiales fueron identificados como Aguilar Reyes Maya, Fredy Rafael Lugo Oliveros, Roger Andrés Omaña y Josué Jhonatan Burgos Sánchez. Uno de ellos, apodado «Inspector Ragnar», apareció en un video sosteniendo una bolsa con billetes de 100 dólares entre los escombros en Playa Grande, una escena que desató indignación pública y reforzó el contraste entre el deber de asistencia y el aprovechamiento denunciado.
No se trató de un episodio aislado. Ese mismo día, otros seis oficiales del CICPC fueron detenidos en Miranda por acusaciones de robar materiales de viviendas dañadas por el terremoto. A ello se suman reportes de saqueos por parte de civiles y funcionarios en distintas zonas de La Guaira desde los sismos, un cuadro que eleva la alerta institucional sobre la capacidad de control en medio de la emergencia y sobre el costo social de dejar expuestas también a abusos a comunidades afectadas.
El director del CICPC, Douglas Rico, sostuvo que esos «funcionarios, desviándose de sus deberes y aprovechándose de las labores de rescate y asistencia humanitaria, actuaron de manera indecorosa al apropiarse de valores económicos hallados entre los escombros». Sin embargo, la respuesta oficial no borró la imagen que detonó el caso: ciudadanos enfrentando a un agente y rompiendo el dinero en efectivo que le habían quitado, al llamarlo «vergüenza». Esa escena terminó retratando una crisis de confianza en la que la presión social apareció antes que la reacción institucional.
El ministro de Interior, Diosdado Cabello, también se pronunció sobre el caso, mientras las detenciones abren una exigencia más amplia de rendición de cuentas sobre lo ocurrido en las zonas afectadas. Cuando en una emergencia se multiplican denuncias contra quienes debían proteger bienes y personas, la discusión deja de ser solo penal: pasa a ser una advertencia sobre el deterioro del control público y sobre la distancia entre el discurso de autoridad y la realidad que terminan mostrando los propios ciudadanos.
