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La reforma policial avanza en el Senado, pero la vigilancia sobre su aplicación sigue en el centro

julio 13, 2026 · Redactor
La reforma policial avanza en el Senado, pero la vigilancia sobre su aplicación sigue en el centro
Foto: elnuevodiario.com.do

La comisión terminó el análisis de la ley con ajustes en control interno; presupuesto y disciplina, en un debate que mantiene la presión sobre la transparencia y la rendición de cuentas.

El estudio del proyecto de Ley Orgánica de la Policía Nacional quedó concluido en la Comisión Especial del Senado, en una iniciativa que vuelve a poner de relieve la distancia entre la promesa de reforma y la necesidad de controles verificables sobre una institución golpeada por cuestionamientos de gestión, supervisión y uso de recursos.

Franklin Romero, presidente de la comisión, explicó que durante la revisión fueron evaluados y modificados varios artículos con el propósito de fortalecer la profesionalización y la eficiencia policial. Entre esos cambios, el texto ratifica que el presidente de la República ejercerá el mando supremo de la Policía Nacional, de forma directa o a través del Ministerio de Interior y Policía, un aspecto que, más que cerrar la discusión, eleva la responsabilidad política del poder civil sobre los resultados de la reforma.

La propuesta también amplía las atribuciones de la Dirección de Asuntos Internos, que no solo investigaría, sino que además supervisaría operaciones encubiertas, haría pruebas de integridad al personal, controlaría el manejo de información reservada y presentaría informes sobre casos de corrupción y posibles vínculos de agentes con estructuras criminales. Ese alcance refuerza la alerta institucional: si el proyecto necesita blindar esas áreas, también confirma la magnitud de los controles que siguen pendientes y la obligación de fiscalización desde el Congreso y la sociedad civil.

Asimismo, el texto fortalece las funciones del Consejo Superior Policial, al asignarle nuevas competencias sobre indicadores de gestión, proyectos de modernización, infraestructura, tecnología y presupuesto, además de la evaluación de ascensos, retiros y traslados de oficiales. A eso se suma la eliminación de asignaciones permanentes de agentes a empresas privadas, corporaciones y fundaciones, limitando ese servicio a instituciones públicas y estableciendo sanciones administrativas, civiles y penales para las autoridades que desvíen policías de la seguridad pública.

El cierre del estudio en el Senado no se presenta como punto final, sino como un momento que deja abierta una pregunta de fondo: si la reforma promete más supervisión, transparencia y disciplina, ahora deberá demostrar que no se trata de otro rediseño administrativo sin impacto tangible en la seguridad ciudadana, el uso del presupuesto y la rendición de cuentas que el país sigue esperando.