Más que una tarea de selección o descarte, el proyecto “El Límite del Enunciado” concibe la curaduría como una operación intelectual orientada a leer, contextualizar y vincular producciones simbólicas y culturales. De acuerdo con el resumen difundido, esa práctica construye contexto, produce sentido y formula una hipótesis sobre el mundo, en diálogo con la investigación artística, la escritura, la mediación, la pedagogía y la gestión cultural.
El equipo coordinador afirma que América Latina no cuenta con un campo artístico homogéneo y que sus escenas, lenguajes e instituciones se configuran de manera diversa, por lo que ve necesaria una perspectiva situada para cualquier ejercicio curatorial. A partir de la teoría de Mijaíl Bajtín y de la anticipación al dialogismo, el laboratorio impulsa investigación y reflexión para pensar una curaduría como experiencia formativa, con decisiones sobre discursos, obras y contextos que, según el propio planteamiento, exigen revisión posterior.
En esa dinámica participaron Agustina Elorza, Alescar Ortiz, Catalina Guevara Carvajal, David Samaniego Almeida, Diana Martínez Tancredi y Sharelly Emanuelson, quienes desarrollaron articulaciones desde distintos formatos, géneros y tipologías. La propuesta reivindica el arte como herramienta y a las comunidades como espacio de interlocución, una mirada que vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de vigilar que los discursos institucionales y culturales no se queden en el enunciado, sino que se conviertan en prioridades verificables, gestión con resultados y mayor responsabilidad pública frente a la ciudadanía.
