Santo Domingo.– La salida en libertad de Mario Redondo Llenas, tras cumplir 30 años de prisión por el asesinato del niño José Rafael Llenas Aybar, volvió a sacudir una de las heridas más sensibles de la sociedad dominicana y abrió, además, un nuevo foco de cuestionamiento sobre las consecuencias sociales de una exposición pública en un caso de tan alto impacto.
La presencia de su hijo junto a él a la salida del Centro de Corrección y Rehabilitación Najayo Hombres, en medio de cámaras, periodistas y curiosos, desató un debate en redes sociales y en sectores de opinión pública sobre si era necesario colocarlo en el centro de una escena marcada por el dolor colectivo. Aunque algunos interpretaron el gesto como una muestra de lealtad filial, otros advirtieron sobre el costo emocional y social que puede recaer sobre familiares sin responsabilidad en los hechos.
Especialistas en conducta social han señalado que hijos y parientes de personas condenadas por crímenes de alto impacto suelen arrastrar estigmas que afectan relaciones personales, oportunidades laborales y salud emocional. En ese contexto, el episodio reaviva la exigencia de mayor prudencia y vigilancia frente a decisiones que terminan trasladando a terceros el peso social de un crimen que sigue estremeciendo al país.
