La intervención asumida hace trece años para restaurar y poner en valor la Ciudad Colonial ha terminado convertida en un caso de desgaste institucional y de resultados pendientes. Lo que debía rescatar el centro antiguo de Santo Domingo aparece marcado por paralizaciones, reanudaciones, rediseños y estancamientos vinculados a confusión sobre derechos de propiedad, en un proceso que ha dejado la zona más inhabitable que antes.
El cuadro descrito en el terreno contradice cualquier relato de avance suficiente: calles aún truncas, zanjas abiertas durante meses y muros centenarios derribados parcialmente sin recuperar sus formas originales. Para residentes y trabajadores, la vida cotidiana ha transcurrido entre escombros, perforaciones y ruido constante, mientras se publicitan logros aislados en algunos tramos viales rodeados de desorden.
El costo social ya es visible en el creciente abandono de domicilios y en el cierre de negocios, señales de una pérdida paulatina de presencia humana y actividad comercial en un espacio histórico que debía ser recuperado. Con financiamiento del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, el prolongado proceso no solo deja una obra inconclusa: deja también una exigencia de fiscalización y de explicaciones sobre por qué una restauración terminó agravando la crisis de habitabilidad en la Ciudad Colonial.
