El balotaje presidencial celebrado el domingo en Colombia dejó paso al escrutinio que decidirá quién sucederá en el cargo: un aspirante de ultraderecha respaldado por Donald Trump o un senador de izquierda cercano al gobierno, en un escenario atravesado por una fuerte división política. Más de 41 millones de personas estaban llamadas a votar en una jornada que transcurrió sin incidentes, mientras la autoridad electoral anticipaba resultados en pocas horas.
La cita electoral quedó atravesada por un dato incómodo para el oficialismo: las políticas de paz del primer gobierno de izquierda en la historia del país avanzaron poco, en un contexto de repunte de la violencia y de relaciones tensas con Washington. A diez años del acuerdo con las FARC, la campaña estuvo signada por acciones de grupos armados con bombas, drones explosivos y el asesinato de un candidato presidencial, una secuencia que alimenta las demandas de rendición de cuentas sobre los resultados de la gestión.
«Pase lo que pase, habrá descontento porque el país está polarizado, está dividido», dijo a la AFP la pensionada Leonor Barreda, de 71 años, en un barrio popular de Bogotá. En ese clima, los candidatos votaron con mensajes contrapuestos: De la Espriella lo hizo en Barranquilla entre simpatizantes que gritaban «¡fuera Petro!», mientras Cepeda acudió a una escuela en un barrio popular de Bogotá rodeado de escoltas con escudos antibalas y sostuvo: «Cuando triunfemos vamos a gobernar para todo un país y no solo para un sector».
