El asesinato de los esposos Paul Potter y Nancy Potter, ocurrido el 7 de julio de 1971 en Santiago de los Caballeros, estremeció al país y tuvo repercusión internacional, pero también dejó una huella de impunidad que, décadas después, sigue sin explicación pública. Rosa Inoa, cercana a la familia, recordó que aquella mañana llegó a la casa de La Esmeralda tras una llamada desesperada de David, el hijo de la pareja, y encontró una escena marcada por la presencia de policías, sangre en la sala y los dos cadáveres cubiertos con sábanas.
La magnitud del caso quedó reflejada en la cobertura de la prensa dominicana y de The New York Times. Aun así, el transcurso de los años ha acentuado el contraste entre la gravedad del crimen y la ausencia de resultados conocidos. Aunque la Policía Nacional, los organismos de inteligencia del Estado y hasta el FBI destinaron recursos a la investigación, nunca se divulgaron las conclusiones de esas indagatorias. La propia Rosa Inoa figuró entre las personas interrogadas.
Esa falta de esclarecimiento mantiene abierto un episodio que golpeó a una familia, conmocionó a la sociedad y todavía plantea una alerta institucional sobre la capacidad del Estado para ofrecer verdad y justicia en casos de alto perfil. Más de medio siglo después, el expediente sigue siendo un recordatorio de que, sin transparencia ni rendición de cuentas, el peso de la impunidad termina trasladándose a la memoria pública y a la confianza ciudadana.
