La violencia no aparece de un momento a otro, y esa idea vuelve a colocar el problema donde suele empezar: mucho antes de las agresiones físicas. En Santiago, el psicólogo clínico Oguis Alberto Jiménez Vargas, director del Grupo Profesional de Salud Mental, Conversus, sostuvo que la manera en que se educa en el hogar, se manejan las emociones y se resuelven los conflictos termina marcando si se construyen relaciones sanas o si se repiten conductas de maltrato.
Con su experiencia en el abordaje clínico de las drogodependencias en España y República Dominicana, Jiménez Vargas explicó que la violencia surge de una mezcla de factores psicológicos, familiares y sociales. Citó problemas para controlar las emociones, impulsividad, poca tolerancia a la frustración y vivencias traumáticas, sobre todo en entornos donde las agresiones se asumen como algo normal. También señaló que crecer entre gritos, humillaciones, amenazas y maltrato puede llevar a reproducir esos patrones, aunque aclaró que haber sufrido violencia no condena a nadie a convertirse en agresor.
El planteamiento del especialista refuerza una alerta institucional sobre elementos que continúan sumando riesgo social: desigualdad, exclusión, acceso a armas y consumo problemático de alcohol y otras sustancias. Al mismo tiempo, insiste en la necesidad de vigilancia y resultados en educación, acompañamiento psicológico e intervención a tiempo, porque entender las causas no equivale a justificar las agresiones ni a disminuir la responsabilidad de quienes las cometen. Recordó, además, que las secuelas no se limitan a las heridas físicas e incluyen ansiedad, depresión, miedo persistente y pérdida de autoestima.
