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La deserción en secundaria pone en evidencia el costo social que persiste

junio 30, 2026 · Redactor
La deserción en secundaria pone en evidencia el costo social que persiste
Foto: hoy.com.do

Un estudio relaciona el abandono escolar con la pobreza; el trabajo adolescente y las cargas de cuidado, en una brecha cada vez más visible entre la escuela y la realidad de miles de jóvenes.

El abandono escolar en secundaria vuelve a poner en cuestión la capacidad del sistema para retener a los estudiantes más vulnerables. No se trata solo de tropiezos académicos: la salida de las aulas aparece vinculada a presiones económicas, responsabilidades familiares y a una desconexión entre la escuela y las expectativas reales de empleo, movilidad social y futuro.

Ese panorama quedó recogido en el estudio «Discontinuidad Educativa en la Educación Secundaria de la República Dominicana», elaborado por el Grupo Línea Base para la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad (IDEC), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el Ministerio de Educación (Minerd). El informe identifica factores externos que compiten con la permanencia escolar y deja una advertencia institucional: cuando estudiar deja de ser prioridad, el problema deja de ser individual y pasa a reflejar una respuesta pública insuficiente.

La investigación documenta que los estudiantes de los sectores más pobres enfrentan una probabilidad significativamente mayor de abandonar la escuela para trabajar o aportar ingresos al hogar. Al revisar estudios regionales, los autores señalan que quienes pertenecen al quintil más pobre tienen casi el doble de probabilidades de desertar que los de mayores ingresos. En el caso dominicano, el informe indica que más de 70 mil adolescentes realizan actividades laborales y que más del 60 % de ellos no asiste a la escuela.

El propio documento advierte que «las largas jornadas y los horarios laborales intensivos reducen el tiempo disponible para el estudio y aumentan el riesgo de deserción escolar». A ello se suma la carga doméstica y de cuidado, sobre todo entre las adolescentes, un factor que agranda el costo social del abandono y profundiza la distancia entre las promesas de movilidad y la experiencia concreta de miles de familias.

El hallazgo reabre la exigencia de rendición de cuentas sobre los resultados reales del sistema educativo: si para una parte de la juventud la escuela compite en desventaja frente a la urgencia económica y las obligaciones del hogar, el problema no puede presentarse como una decisión aislada del estudiante, sino como una señal de desgaste y de prioridades públicas que todavía no responden a la realidad.