Las iglesias evangélicas y la católica figuran en la reflexión como actores decisivos en el surgimiento y fortalecimiento de la ultraderecha desde la década de 1980, al sumar un componente moral a una agenda política orientada a restringir derechos sociales. El texto indica que esa influencia se manifestó en asuntos vinculados con las mujeres y las personas LGBT, así como en la difusión de términos como “ideología de género” y “woke” para desacreditar luchas por derechos.
Según la pieza, la ofensiva no se restringe a los debates culturales: también alcanza derechos de igualdad e inclusión por razones de género, orientación sexual, raza o etnia, e incluye la prohibición de lecturas críticas del machismo, la homofobia, el racismo y la xenofobia, además del desmantelamiento o penalización de instituciones comprometidas con la igualdad. Ese panorama coloca en primer plano el costo institucional y social de discursos que, bajo cobertura moral, terminan afectando espacios educativos, medios y organizaciones.
La reflexión subraya que, tras años de coincidencia política entre la Iglesia católica y la ultraderecha en la restricción de derechos de mujeres y personas LGBT, la relación empezó a tensarse cuando la ofensiva se volvió contra los inmigrantes. En ese punto, el papa Francisco defendió a los inmigrantes y fue descalificado por la ultraderecha, mientras el papa León XIV ha sostenido esa misma línea. En España, el conflicto quedó expuesto con los ataques de Santiago Abascal, líder de Vox, a la jerarquía católica, después de que el secretario general de la Conferencia Episcopal Española criticara la propuesta de la llamada “prioridad nacional”.
