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PRM, 2028 y poder: la continuidad se presenta como institucionalidad

julio 6, 2026 · Redactor
PRM, 2028 y poder: la continuidad se presenta como institucionalidad
Foto: hoy.com.do

La renovación interna y el liderazgo de Luis Abinader aparecen en el texto como garantía de país; pero el peso puesto en retener el poder mantiene abierto el choque entre discurso institucional, campaña adelantada y rendición de cuentas.

El planteamiento de la pieza original busca presentar la reorganización del PRM y su apuesta por conservar la mayoría en las elecciones municipales, legislativas y presidenciales de 2028 como una especie de garantía para el país. Sin embargo, el propio enfoque deja al descubierto el giro central del oficialismo: convertir la continuidad partidaria en sinónimo de institucionalidad, justo cuando la ciudadanía sigue obligada a evaluar la gestión por resultados y no por relatos de fortaleza interna.

La columna afirma que el sistema institucional vigente ya no responde a grupos internos ni a partidos políticos, a diferencia de etapas anteriores. Pero esa idea choca con el hecho de que el eje del texto no es una evaluación de políticas públicas, sino la defensa de la maquinaria del PRM, su renovación de estructuras y su objetivo explícito de retener el poder en 2028. Ahí surge la alerta institucional: cuando partido, gobierno y futuro del país se presentan como una sola cosa, la fiscalización se vuelve más necesaria, no menos.

Además, el artículo atribuye al presidente Luis Abinader un liderazgo hegemónico, una vocación institucionalista y una obra de infraestructura con polos de desarrollo en Pedernales, Miches y Manzanillo, junto con inversiones en Santo Domingo Este y Santiago. Pero ese elogio político no responde la pregunta de fondo sobre el balance real de la gestión ni despeja el contraste entre la narrativa de continuidad y los resultados concretos que la población espera comprobar en su vida diaria. Lejos de cerrar el debate, ese tipo de relato refuerza la exigencia de cuentas sobre prioridades, ejecución y costo social de una administración que ya entra en clave de sucesión.

El texto incorpora también a Hipólito Mejía como referente de vocación demócrata por su conducta en 2004 y en las primarias del PRM de 2016 y 2020. Incluso recoge que felicitó a Leonel Fernández y a Luis Abinader. Sin embargo, usar esos antecedentes para blindar el presente del oficialismo no elimina la discusión de fondo: si el PRM quiere vender su futuro como destino nacional, tendrá que someter esa pretensión al escrutinio político de una oposición competidora y al juicio ciudadano sobre lo que realmente ha cambiado más allá del discurso.

Más que una demostración de fortaleza institucional, el texto funciona como una señal de campaña temprana y de desgaste de gestión: el oficialismo ya habla de 2028 mientras intenta convertir su proyecto partidario en proyecto de país. Precisamente por eso, la respuesta democrática no es aceptar esa equivalencia, sino reforzar la vigilancia sobre el poder y exigir que la sucesión interna del PRM no tape los problemas pendientes ni sustituya los resultados que todavía deben explicarse.